Introducción

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Alt Text: a boy waiting and then taking a bus on a March night. 

Estoy en el bulevar más bello de esta ciudad esperando la oportunidad que me lleve a casa. La vialidad es, en realidad, fea, genérica y provinciana: comercios y estacionamientos; no teatros, no hoteles encantadores, no suficientes palmeras y no lugares de interés histórico convencional. Hay una construcción que un funcionario público y sus amigos se inventaron en una junta de presupuestos y sin saberlo, solo provocaron que la suela blanca de mis tenis se contaminara con la tierra infinita de La Laguna.

Siempre que ando solo por la ciudad me convierto en un soñador, porque siempre anhelo que la ciudad sea mejor, porque creo que las ciudades donde habito me representan y quisiera que estuvieran a la altura de mis expectativas mamadoras. Expectativas creadas a raíz de mi obsesión por las ciudades estadounidenses. Siempre pretendí que mi ciudad natal se pareciera a Los Ángeles, por ser un lugar lleno de "artistas" y gente queriendo ser famosa y rica. Realmente nunca ha dejado de estar de moda ser patético allá, y justo así me siento mientras le doy  25 pesos al chofer de facciones horrendas que va manejando su espantosa unidad, propiedad de la iniciativa privada, que le ha hecho creer a esta gente cuya piel de lagarto es verde y blanca dos mentiras; que el desierto es su enemigo, y que lo han vencido.

El autor de esta historia y quien se ha dado permiso de contar este episodio de 20 noches de mi vida es un pesimista, pero yo no lo soy. A diferencia del autor, yo amo a las personas y valoro a la vida por ser una oportunidad extraordinaria de trascender. Y me disculpo por los pensamientos intrusivos que el autor mete dentro de mi cabeza y que me obligan a decir cosas que hacen que esta historia parezca más una rabieta sobre esta ciudad ficticia que una historia sobre mí y cómo sobreviví al intento de asesinato que mis amistades tóxicas cometieron en mi contra.



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